Que hacer ante el dolor, o más importante, que no hacer ante el dolor
Mi nombre es Garikoitz Aristegui, soy Fisioterapeuta especializado en alteraciones posturales y reeducación de la postura. Trabajo en la empresa Sinergia Investigación y Fisioterapia (www.sinergia-web.com) en San Sebastián y Orio, Gipuzkoa. Además del tratamiento diario que desarrollo en la clínica, me dedico a impartir diferentes cursos de prevención escolar y laboral.
De todos es conocida la presencia de dolor entre nuestros niños, niñas y adolescentes. La sintomatología por la que consultan, siempre, es muy similar, dolor en la región cervical, cabeza, hombros, lumbar, cintura y pelvis. Pero el dolor no cabalga solo, los cuadros sintomatológicos vienen acompañados de una lesión mucho más importante que se va asentando en nuestro cuerpo poco a poco y en silencio. Son las denominadas alteraciones posturales.
La más conocida por todos es la Escoliosis, denominación que se refiere a la desviación lateral de la columna vertebral en su vista posterior. Si nos fijamos en la espalda de nuestros hijos cuando se duchan o les vestimos, la columna vertebral la debemos observar recta, como si fuera un mástil. Cuando lo que vemos es una especie de curva o de serpiente desde la vista posterior, eso es una escoliosis.
Otras alteraciones posturales son la elevación de un hombro por llevar la carga con mayor predominio de ese lado, o la rotación excesiva del brazo por traccionar de la mochila de ruedas incorrectamente, o la “chepa” juvenil por el uso de pupitres y mesas no apropiadas a su desarrollo.
Lo malo de estas alteraciones y desviaciones posturales son que se desarrollan sin la manifestación de dolor. ¿Cómo es posible esto, si hemos dicho que generan dolor? El dolor aparece como consecuencia de un problema, y es el resultado negativo de tratar de equilibrar nuestro cuerpo ante una agresión externa o interna.
Al aparecer un elemento nocivo y dañino, el cuerpo trata de realizar una compensación postural inicial, que es una respuesta automática y mecánica de nuestro cuerpo. Este cambio postural se instala una y otra vez en forma indefinida hasta que llega un punto donde no puede compensar nuevamente. En ese momento aparece el dolor. Pero, debajo de esa alarma, debajo de la manifestación dolorosa, subyace una desviación de las estructuras óseas que se manifiesta como alteración postural. En algunos casos macroscópica, como es la escoliosis o la chepa, y en otros casos microscópica, una rotación una vértebra, del húmero, de la tibia u otros elementos.

Estas desviaciones, que vuelvo a repetir, se desarrollan sin manifestar dolor, y que nos llaman la atención cuando ya están instauradas, son la razón de muchos de los dolores que a posteriori sufren los niños en su desarrollo, o sienten al ser adultos, como usted por ejemplo, donde las alteraciones posturales son la base de una mala mecánica corporal.
La mejor actuación es la prevención. Pero sobre todo tan importante como saber que hacer es aún más, saber que no debo hacer.
Lo primero es tratar de modificar esos agentes externos que nos llevan a ir deformándonos, pupitres pequeños, mochilas mal ubicadas, malos hábitos en el descanso, en el sofá, al ver la televisión o al leer. Erradicada la causa desaparece el síntoma. Nuestro cuerpo es muy inteligente como para poder autosanarse.
Además de agentes externos como los ya nombrados, también existen otra serie de agentes, los internos, tales como problemas psicológicos, emocionales, desarrollo de la personalidad, timidez, extroversión, conformación del esquema e imagen corporal y otros.
En estos ahora no nos detendremos y trataremos de centrarnos en los externos, en los esencialmente mecánicos.
Sabemos ahora que es lo que no deberíamos hacer: malos hábitos posturales, exceso de peso en las mochilas, una tracción incorrecta de la maleta, mesas o sillas inapropiadas, etc…
Estemos seguros que si estos no existieran la gran mayoría de los dolores de espalda desaparecerían. Digo la gran mayoría, porque también hemos nombrado los mecanismos internos que no tienen relación, tan clara, con los aspectos mecánicos.
Pero, ¿qué hacer cuando a mi hijo/hija le duele la espalda?. Lo primero es consultar con un médico que haga una evaluación y diagnóstico para descartar cualquier problema asociado, que no tenga que ver con malos hábitos, y que sea de cierta gravedad.
Una vez descartadas las lesiones graves, y conocido que el origen del problema es esencialmente mecánico, debemos consultar con un Fisioterapeuta colegiado. Este no es el foro, pero de todos es conocida la existencia de miles de personas que tratan de ejercer esta profesión sin serlo, me refiero a masajistas, osteópatas, quiromasajistas y otros, que no poseen una titulación oficial reglada.
Los Fisioterapeutas más entendidos en estas áreas son aquellos que están especializados en las alteraciones posturales y en su reeducación, empleando para ello, diferentes Métodos como la Reeducación Postural Global, el Método GDS, las cadenas musculares de Busquet, el Método Mezieres y otros.
El Fisioterapeuta realizará una evaluación postural, en diferentes posiciones, frente, perfil, dorso e inclinado hacia delante, tratando de encontrar lo que denominamos “cadena lesional”. Cadena muscular y de tejido fascial más retraída y que funciona a modo de freno sobre la alteración postural, provocando un exceso de trabajo sobre el resto de la musculatura que luego provocará dolor.
El tratamiento se basa en una serie de estiramientos que son guiados por el Fisioterapeuta y realizados en forma activa por parte del paciente. Al ser estiramientos activos se trabaja esencialmente sobre el músculo y la efectividad del resultado es muchísimo mayor. El trabajo se centra en una respiración relajada, como esencia del proceso de reeducación postural, desde donde se parte para ir corrigiendo las diferentes alteraciones, del centro hacia la periferia.
Una vez quitados los “frenos” musculares y faciales, el cuerpo tendrá la posibilidad de recuperar la posición ideal y realizar las diferentes actividades de forma eficiente. Para ello deberemos hacer ejercicios de integración dinámica, como por ejemplo ejercicios de control del equilibrio, de la propiocepción, reconocimiento del cuerpo y del esquema corporal.
A lo mejor es difícil entender en un primer momento este nuevo concepto de enfoque de lesión. Pero poco a poco iremos comprendiendo la razón de esta alteración y a través de la comprensión, enseñanza y educación del problema, podremos erradicar, con la colaboración de todos los que alrededor de ella estamos, la frase: ¡mamá, me duele la espalda!
Garikoitz Aristegui
Fisioterapeuta
Sinergia Investigación y Fisioterapia
gari@sinergia-web.com
www.sinergia-web.com










Junio 10th, 2010 at 9:06 pm
Felicitar al autor del artículo, como profesional del gremio puedo afirmar que el artículo plasma una realidad “nuestro cuerpo es inteligente”. Recomendaré la lectura de este artículo entre mis alumnos de fisioterapia de la Universidad Alfonso X el Sabio.
Un saludo